Consejos de comunicación saludable para parejas que conviven
Al principio, las medidas de confinamiento domiciliario pueden haber provocado un momento de alegría en las parejas, con pensamientos como: "¡Podré pasar más tiempo con mi pareja, todos los días!".
Por supuesto, después de un año en el que nuestras parejas fueron una de las pocas o la única persona con la que pudimos interactuar en persona, este sentimiento puede haber cambiado de tono: "Podré pasar más tiempo con mi pareja. Todos . Los . Días".
Así que, para aquellos que puedan estar sintiendo la presión real de estar en pareja y pasar mucho más tiempo en casa, aquí hay algunas maneras de ayudar a aliviar las tensiones de comunicación que puedan surgir.
¿Aconsejar o escuchar?
Sales de tu oficina en casa y tu pareja empieza a contarte una historia sobre un compañero de trabajo difícil. Respondes con lo que consideras un consejo útil, indicándole cómo podría solucionar el problema. Tu pareja te mira con expresión inexpresiva o se enfada, dándose cuenta de que no es la respuesta que esperaba. Te sientes frustrado. ¡Al fin y al cabo, solo querías ayudar!
Una pregunta que se puede empezar a incorporar al diálogo habitual de la pareja es:
“¿Prefieres que te escuche o que te ayude a resolver el problema?”
Esto puede ayudar a reducir la confusión o la frustración, y también puede incluir que los socios exploren las diferentes maneras en que les gusta ser escuchados o apoyados en la resolución de problemas.
El oyente activo
Para mejorar tus habilidades de escucha activa, aquí tienes un ejercicio que puedes probar con tu pareja. Simplemente pon un temporizador y escucha atentamente a tu pareja durante dos minutos seguidos; luego, cambien de roles. Durante la fase de escucha, no podrás responder. Presta atención al lenguaje corporal, como asentir con la cabeza o inclinarte hacia adelante, si tienes los brazos cruzados o abiertos, y cómo tus expresiones faciales responden a la conversación.
Al final de cada ronda, deja que cada persona dé su opinión. ¿Qué funcionó y qué no? ¿Qué te pareció bien o sorprendente? Menciona aspectos específicos que tu compañero/a hizo mientras escuchaba atentamente y que te gustaron.
Siento, cuando, preferiría
¿Tu pareja ha vuelto a dejar los platos en el fregadero? ¿Sientes ganas de estallar? Tus frustraciones son normales y válidas, pero puede ser difícil expresarlas sin temer una confrontación mayor o causar malestar.
Puedes utilizar este método cuando te sientas abrumado y te cueste encontrar las palabras adecuadas (o amables) para usar con tu pareja.
En lugar de: “Siempre dejas los platos en el fregadero, ¡qué vago y no quiero tener que recogerlos!”
Prueba con esto: “Me enfado cuando dejas los platos en el fregadero. Preferiría que los metieras en el lavavajillas cuanto antes.”
Esto también puede utilizarse para conversaciones más complejas, así que no dudes en adaptarlo según sea necesario a la situación.
En lugar de: “Nunca me escuchas, te digo algo cien veces pero luego me preguntas al respecto como si nunca te lo hubiera contado antes. ¡Estoy harto de esto!”
Prueba con esto: «Siento que no me escuchas cuando te he dicho algo varias veces y luego vuelves a preguntar al respecto. Me siento cansado y frustrado. Preferiría que, cuando hablo, te tomaras un tiempo para escuchar y luego me preguntaras si tienes alguna duda».
Evite los extremos
Si bien hemos explorado algunos métodos de comunicación estructurados, existe un gran poder en algunos de los cambios más simples y sutiles que podemos introducir en el lenguaje.
Evitar los extremos es un excelente punto de partida. Por ejemplo, decir «Siempre haces esto» o «Nunca haces esto» implica que tu pareja jamás ha actuado de forma diferente. Esto no crea espacio (ni incentivo) para que actúe de otra manera y, a menudo, provoca reacciones defensivas o un cierre en la comunicación.
En estos casos, intente reemplazar los extremos con un lenguaje observacional: "Últimamente he notado que hay muchos más platos en el fregadero que antes, y me preguntaba si está pasando algo".
Resumir y registrar la asistencia
En este ejercicio, tu compañero hablará abiertamente sobre algo que experimentó mientras el otro escucha atentamente. Al final de la intervención, el oyente resumirá lo que escuchó. Una vez que haya terminado el resumen, preguntará: ¿Lo entendí bien? Por ejemplo:
Socio 1: Odié la reunión de hoy, fue una pérdida de tiempo y se podría haber enviado simplemente por correo electrónico. Me dan ganas de dejar mi trabajo.
Socio 2: Realmente no te gustó la reunión de hoy, te pareció una pérdida de tiempo y te está haciendo cuestionar tu trabajo. ¿Lo entendí bien?
Socio 1: Sí, así es.
Si tu compañero no lo hizo bien, hazle saber qué crees que faltó en su resumen. Intenta limitar el problema a una o dos frases, o a aproximadamente un minuto de tiempo de conversación. Esto garantiza que cada uno no intente recordar y resumir varios temas diferentes a la vez, y ayuda a generar confianza.
Teniendo en cuenta estas consideraciones como base de vuestra comunicación, tanto tú como tu pareja podréis representar y atender vuestras propias necesidades, sin dejar de tener en cuenta las del otro.

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